18 de abril 2019

Reporte Obligado

AÑOS MARAVILLOSOS EN QENQOMAYO AÑOS MARAVILLOSOS EN QENQOMAYO

AÑOS MARAVILLOSOS EN QENQOMAYO

Recordar nuestra infancia es muy especial para todas las personas que vivimos en Paucartambo, en especial haber gozado nuestra infancia en este rio tan hermoso Qencomayo.

Por sus cálidas aguas cristalinas donde el brillo del sol la hace resplandeciente, los incontables peces llamados suches para pescar, sus lindas piedras limpias en sus orillas, el bosque de árboles alrededor y el silbido del viento fresco la hace esplendida y es su naturaleza que la hace maravillosa y aún más cuando eres niño y viviste toda tu infancia en este mágico lugar.

Recuerdo aquellos años que al salir de la escuela, la vida era una fiesta, todo un grupo de niños y niñas hacíamos competencias en las aguas de ese rio, nadar y ganar era el objetivo y lanzarse de las rocas era pura adrenalina sana e inocente, pero lo más curioso fue cuando salías del agua no era necesario cubrirte el cuerpo, con echarte en sus inmensas piedras era suficiente para sentir calor ya que siempre estaban calientes por los rayos del sol.

Era tan hermoso compartir momentos de alegrías, de locuras, pequeñas travesuras y tristezas entre jóvenes y niños. En los bosques del rio Qenqomayo solíamos jugar diferentes juegos hoy llamados juegos tradiciones y si perdías te tiraban a los pozos tibios del cual salías aprendiendo a nadar, esos momentos fueron los más felices de nuestra infancia.

Hubieron días donde todos íbamos al rio a sentarnos en las orillas, los más grandes que nosotros nos contaban historias sobre nuestro rio el cual como todo infante nos hacía imaginar como en el mundo de Narnia, se dice que cerca al puente del rio Qenqomayo, había un lugar encantado una inmensa piedra plana en forma de puerta del cual salían hermosas sirenas a partir de la media noche y si un hombre pasaba por ahí desaparecía quedaba atrapado en lugar, también nos contaban historias de terror como la mano negra el ñaqachu y las almas que habitaban el lugar nos hacían temblar de miedo.

Así vivimos nuestra infancia, todos los días siempre era diferente en el rio con nuevas anécdotas, una de las que siempre recordare fue cuando nuestros mayores nos hacían creer que si tomábamos el agua del rio con un suche pequeño seriamos mejores nadando pues esa no era maldad era pura inocencia que se transmitía de generación en generación.

Esa fue mi infancia allí crecí en las aguas del dulce rio de Qenqomayo en sus bosques, en sus calles esa es mi tierra, mi querido Paucartambo.


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