23 de septiembre 2019

Reporte Obligado

AQOMOQO ENTRE EL URBANISMO RESPONSABLE Y DEPREDADOR

“El Cusco debe ser defendido de las reparaciones o restauraciones mal estudiadas o peor ejecutadas”, con estas palabras Luis E. Valcarcel en 1944 advertía el peligro de las restauraciones-que en nombre de la puesta en valor patrimonial- terminaron irónicamente en la destrucción del patrimonio cultural.

La casa hacienda Aqomoqo, declarado Monumento Nacional en 1989, está situado al borde del Qhapaq Ñan (Camino Inca), hoy Av. Collasuyo, tiene un valor arquitectónico y artístico debido a la pintura cusqueña: “Alegoría de la Modernidad” imprimida en uno de los muros a inicios del siglo XX; además de haber servido históricamente como centro productor agropecuario que abastecía de alimentos a los hombres antiguos de la ciudad del Cusco.

Desde 1998 la Beneficencia Pública del Cusco recibe la administración directa de Aqomoqo por la donación del Arzobispado del Cusco. Diferentes gobiernos municipales pretendieron intervenir la casa hacienda sin tener mayor éxito, por ejemplo en el 2005 la gestión del exalcalde Carlos Valencia presentó un proyecto de intervención integral que respetando sus características y tipología apuntaba a construir un Centro Cultural; viabilizando así la ampliación de la Av. Collasuyo previo traslado de Aqomoqo. Posteriormente, en el 2014 durante la administración del exalcalde Luis Flores se firmó un convenio con el Ministerio de Cultura donde se planteó su desmontaje y reubicación para habilitar el segundo carril de dicha avenida.

Actualmente se viene realizando trabajos de intervención, con algunas limitaciones como la pendiente autorización por parte de la Universidad Nacional San Antonio Abad del Cusco para la entrega de terrenos que se encuentra en su jurisdicción, y la abierta oposición los colectivos ciudadanos y estudiantiles, porque detrás de los ofrecimientos del Ministerio de Cultura y el Gobierno Municipal existirían presiones de intereses privados como el Centro Comercial Real Plaza y la Cervecería Cusqueña, principales beneficiarios de esta intervención, según sostienen integrantes de estos colectivos.

El irreparable daño que se generaría al patrimonio cultural de la casona Aqomoqo también significaría un perjuicio a la Universidad Nacional porque se afectaría el zoológico y algunas facultades, además de la contaminación acústica, perturbando la tranquilidad de los estudiantes en etapa de formación profesional como sostienen algunos universitarios.

A pesar de que el proyecto apunta a crear la Casa de la Cultura Aqomoqo que contará con auditorio, salas de exposición, talleres de música, danza, teatro, y otras expresiones artísticas según anunció el Ministerio de Cultura en noviembre del 2016, “la creación de este espacio cultural debe ser independiente y hasta opuesta a la ampliación de la Av. Collasuyo que solo responde a apetitos de privados” según opina el expresidente de la Federación Universitaria Cusco e integrante de la Asamblea Popular Cusco, Daniel Carbajal, el mismo que agrego “generar contextos de cultura viva para el desarrollo del Cusco no puede justificar la destrucción del patrimonio. Las instituciones responsables de preservar y defender el patrimonio son las primeras en destruir los legados de nuestros antepasados contribuyendo así al urbanismo asesino -sostenido por décadas- que termina asfixiando la cultura viva”.

Luego de 20 años el futuro de la Casa Aqomoqo se debate entre la subsistencia y la muerte. Valcárcel sentenció “aburguesarse es trasladar muros incaicos que incomodan, es que las municipalidades se dediquen a ensanchar calles en una ciudad tan antigua cuyo encanto y originalidad están precisamente en sus vías estrechas, es desvalorizar lo histórico y artístico para solo tener delante lo útil”. ¿Está la ciudadanía cusqueña dispuesta a hacerle frente a un urbanismo, que en nombre del progreso pretende cambiar el destino de esta crónica de una muerte anunciada?