11 de diciembre 2018

Reporte Obligado

LA DAMA DE ROJO LA DAMA DE ROJO

LA DAMA DE ROJO

La encontré mientras esperaba que el carro avance debido a estas movilizaciones ambientales que duran solo diez minutos, como si eso fuera a salvar el planeta tras veinticuatro horas al día, siete días a la semana, y trescientos sesenta y cinco días en un año de emisión de CO2, de nada servirá darle un pequeño respiro a la tierra si seguimos depredando lo que ella nos brinda y que nosotros nos esmeramos en desaparecer para satisfacer nuestro ego.

Ese día fue uno de tantos, muy movidos en la universidad, pues iba con quince minutos de retraso, de pronto descubrí el silencio de toda la ciudad. Y ahí en el paradero estaba ella con un abrigo del color de un tablero de ajedrez, zapatos de charol rojo, uñas pintadas de un rojo intenso de manera desordenada, que causa la edad en las manos, anillos de pura fantasía fina en los dedos, y aquellos pendientes de corazones rojos eran lo que sobresalía en aquella cabecita de la dama de labios arrugados y rojos, fue en ese momento de silencio en que se volvió mi dama de rojo, aquella que no puede salir de la casa sin vestir bien, aquella que mira por encima del hombro a todo aquel que no sabe lo que son los buenos modales, los que perdieron las buenas costumbres, aquella la cual imagino no se pierde el té con las viejas cucufatas cada domingo, aquella que se cree muy fina por andar bien pintada con pintura barata y usando imitaciones de joyas, aquella que no acepta que el tiempo le pisa los talones, y que se refleja en las raíces de sus cabellos pintados de tinte negro, tinte que trata de cubrir las huellas de la edad, ella es mi dama.

Entonces pienso y digo para mis adentros, que el tiempo es muy cruel con aquellas personas que aún se sienten jóvenes, o que tal vez la vejez aplica para las cosas, mas no para las personas, como ella, como mi dama de rojo que sostiene impaciente un bolso de cuerina negra en una mano y en la otra comparte sus dedos con su acompañante.

Su compinche pues es un diminuto caballero de saco azul carcomido por la polilla, animalejo que come todo lo viejo y guardado, incluyendo el saco de nuestra dama; ambas manos pecosas, la derecha fiel a su esposa y compañera de toda la vida, cómplice de las buenas costumbres y compañera de aquellos valses y polcas; mientras que en la izquierda está su fiel compañero de vejez un madero con el barnizado ya gastado y el mango, un dorado ya decolorado, su soporte para aquellos malos pasos que los huesos ya no pueden aguantar el peso de ese cuerpo frágil y diminuto.

Es sorprendente que el tiempo pueda desgastar todo a su paso, pero el amor, el amor no; mi dama y su caballero son y serán compañeros eternos, si el amor es verdadero todo lo podrá cuando es sincero, pues el tiempo y la muerte es el límite de todo aquello que podamos construir pero sentir no.


LA DAMA DE ROJO LA DAMA DE ROJO